En 2016 viajé a Argentina para pasar tres meses y, en medio del viaje, la situación en Venezuela cambió todo. Mis tarjetas dejaron de funcionar de un día para otro.
Conseguí trabajo de noche en un kiosco. Iba caminando, pasaba frío porque no tenía la ropa adecuada y durante un mes comí arroz con huevo, que era lo que me alcanzaba. Mientras tanto, entrevistas. Muchas.
Un día acompañé a otra persona a la suya. Me preguntaron qué hacía allí y respondí: “Vine a acompañar a esta persona. Pero si me quieren entrevistar a mí también, no me molesta”. Salí contratado ese mismo día.
Era un puesto comercial en una multinacional de telecomunicaciones. Durante un año fui el mejor vendedor entre más de 50 compañeros y empecé a participar en la selección de los nuevos. Desde 2017 me dedico a la selección: primero perfiles comerciales, luego tecnológicos, y hoy como recruiter en España.
Hoy me siento al otro lado de la mesa. Sé lo que se siente al buscar trabajo con todo en contra, y también lo que mira quien decide. Esa mezcla es lo que pongo en cada CV que reviso.
